El placer de leer

Publicado en Infobae – 19·9·2009

Foto: Flickr - Subida por Romulo Fotos

Leer es una de esas costumbres en las que no suele haber término medio: o la tenemos o, simplemente, no.

El hábito de la lectura se desarrolla generalmente desde la infancia. Padres lectores educan a hijos que leen. Y si en la casa familiar no hubo gusto por los libros, es muy probable que eso perdure aun fuera de ella.

Por desgracia, esta actividad va perdiendo lugar frente a otras, consideradas más estimulantes y hasta más atractivas visualmente (como es el caso de la televisión o las consolas de juegos).

Sin embargo, junto con la disminución de la lectura, niños y adultos se permiten la merma de una habilidad fundamental para el desarrollo del ser humano: la imaginación.

Mientras nuestro cerebro procesa las palabras leídas, mentalmente vamos generando imágenes. Podremos tener más o menos conciencia de ellas, pero allí están. La lectura es algo así como “gimnasia para las neuronas”. Y sin embargo, muchas veces nos acobardamos ante el libro grueso, las letras pequeñas, el tiempo que insume.

Un motivo para leer

Una de las cosas más importantes que se consiguen cuando se hace de la lectura una práctica frecuente es la expansión de nuestros horizontes. En ese sentido, leer es como  viajar: nunca concluimos un viaje (o un libro) sin haber crecido un poco.

Encontrando tiempo para todo
Si no tenemos la costumbre de sentarnos frente a un libro, buscaremos mil excusas para no hacerlo. Una de las más usadas es la falta de tiempo. Sin embargo, leer es una de esas actividades perfectas para aprovechar los tiempos muertos del día (por ejemplo, en viaje hacia y desde el trabajo).

Otras veces -suele suceder en época de exámenes- la dedicación a los textos de estudio posterga el disfrute de otro tipo de lecturas.

Pero, como a cualquier actividad que nos genere placer, es saludable dedicar a ella un tiempo determinado cada semana. ¿Cuánto? Decídalo usted, según su disponibilidad y sus ganas.

Cómo empezar

Si aún no disfruta de descubrir las maravillas que yacen dentro de un libro, aquí le dejo cinco puntos que pueden ser útiles para generar el provechoso hábito de leer:

  1. Identifique un tema que le interese e infórmese de algún buen libro sobre él. Descubra los diferentes géneros literarios para saber cuál va mejor con su personalidad.
  2. Comience con algo pequeño, que en este caso es sinónimo de corto. Pruebe leyendo cuentos.
  3. Dedique un tiempo exclusivo. No hace falta que sea mucho: media hora tres veces a la semana le permitirá dar continuidad y no perder el hilo de la historia.
  4. Investigue el material disponible online sin costo. Por ejemplo, si desea conocer más sobre el Método DeRose, ya sea por interés personal o por cultura general, en www.metododerose.com.ar encontrará más de 15 libros disponibles para download gratuito.
  5. Sea constante: para establecer cualquier rutina se necesita constancia. No ceda: aunque al principio le pueda parecer que no está aprovechando bien el tiempo, rápidamente descubrirá el placer de leer. Y entonces… un universo nuevo se abrirá para usted en cada libro diferente.

Finalmente, si desarrolla el hábito de leer, con el tiempo tal vez pueda pensar también en escribir. Dentro de usted seguramente haya algo importante para manifestar a través de la escritura.

Hoy: 10 puntos para mejorar tu concentración (y la mía!)

Me gustó tanto pero tanto este artículo que Berto Pena publicó hoy en su blog Think Wasabi, que quiero compartirlo con todos los lectores de este blog.  Son palabras de extrema lucidez. Y hace foco en la expansión de la conciencia, que para nosotros es fundamental.

Para ver el artículo en su contexto original, hagan clic en el título.

——————————————————————————–

Mi fórmula para estar concentrado

Escrito por Berto Pena, el 19 Noviembre 2009 en Think Wasabi

Concentracion

Permanecer concentrado mientras haces una tarea que exige atención es posiblemente uno de los mayores retos productivos a los que te tienes que enfrentar. Es sumamente fácil despistarse y distraerse con casi cualquier cosa y en algunas personas esto es un verdadero problema.

Por un lado tenemos nuestra mente, una poderosa fábrica de pensamientos pasados, presentes y futuros. Por otro las distracciones e interrupciones externas sobre las que a veces sí a veces no tenemos control.

¿Por qué la necesidad de permanecer concentrados? Porque en tanto en cuanto lo hagamos conseguiremos dar lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hagamos. La concentración te hace mejor. Cuando estás concentrado clavas un clavo, cuando estás desconcentrado no sabes ni dónde poner el clavo.

¿Cómo demonios podemos reunir la suficiente concentración para terminar ese diseño, revisar ese código, repasar esa hoja de cálculo, escribir un artículo o completar la presentación para un cliente sin perder la concentración? Te propongo 10 ingredientes sacados de mi fórmula personal que siempre me ha dado un gran resultado:

  1. Dale un sentido, interpreta lo que estás a punto de hacer. Cada cosa tiene un significado y sobre todo un impacto y un porqué sobre tus objetivos. Cuando le damos sentido y comprendemos su importancia nuestra mente se adecúa para permanecer alerta.
  2. Ten tus rituales. Cuando ejecutas siempre los mismos gestos a la hora de hacer las tareas importantes dejas menos espacio a la improvisación y cierras puertas a los despistes.
  3. Elimina todas las distracciones. Obvio, ¿verdad? ¿Entonces por qué luego en la práctica no lo hacemos? Poco antes de iniciar esa tarea que exige tanta concentración quita TODO lo que no tiene que ver con ella de tu escritorio físico y digital. Recuerda: todo lo que no suma, resta.
  4. Simplifica tus herramientas. A veces tendemos a utilizar demasiadas herramientas y utilidades para hacer sólo una cosa. Eso obliga a nuestra mente a estar cambiando continuamente de registro. Para clavar un clavo sólo necesitas un martillo.
  5. Haz sólo UNA cosa a la vez. Rehúye la multitarea como la peste. Al hacer varias cosas a la vez estás multiplicando las posibilidades de despistes o distracciones. Es el equivalente a abrir varias ventanas de casa a la vez para que entren los ladrones.
  6. Haz algo pequeño. Da igual si la tarea es mediana y no te abruma. Empieza por “trocearla” y dividirla en “pequeños bocados” que puedas hacer con mayor facilidad. Cuando le decimos a nuestra mente que hemos de hacer algo pequeño se adecúa más fácilmente y da lo mejor de sí en poco tiempo. Si le decimos que lo que debemos de hacer es grande le estamos sugiriendo que no va a poder con ello y terminaremos por perder la concentración.
  7. Vuelve a darle un sentido. A la mitad de la tarea o en incluso en varios momentos, vuelve a preguntarte: ¿por qué esto es importante para mí? Eso reavivará tu concentración y le dirás a tu mente que es momento de poner toda la carne en el asador.
  8. Haz SIEMPRE descansos entre tareas. La concentración y la atención es un tesoro finito que irremediablemente se va desgastando a lo largo del día pero podemos recuperar una parte con frecuentes descansos. Estar horas y horas sentado frente a tu mesa es pasaporte directo a caer en la desconcentración y los despistes.
  9. Recupera tu concentración. Si te asaltan pensamientos “rebeldes” (algo que tienes que hacer luego, un problema que resolver, algo que te dijeron y te preocupa, etc.) no te tortures, es absolutamente normal porque estás vivo, ¿verdad? Pero si quieres ahuyentarlos para recobrar la concentración piensa sobre esto: si pienso en eso, no hago esto; si pienso en eso, no daré lo mejor de mí.
  10. Un buen plan de ataque. Antes de ponerte en marcha con esa tarea ten MUY claro lo que tienes que hacer, el material o información que vas a necesitar y cuál es el objetivo final. Si nosotros mismos no sabemos todo eso, no vayamos a exigir a nuestra mente que permanezca concentrada a tope.

Aquí, ahora, más vivo que nunca
Son muchas las personas las que me dicen “no tengo la cabeza en lo que hago”.

Ahora, cuando acabes de leer esto y empieces a teclear, fíjate en cómo tecleas, en cada golpe de tecla, en cada movimiento de ratón, en cada página que abres, etc. Pero fíjate en ello de forma CONSCIENTE y deliberada. El decirte “ahora estoy tecleando”, “ahora estoy escribiendo un email”, “ahora estoy hablando por teléfono” te hace presente en el momento, consciente y te hace estar absolutamente concentrado.

9 hábitos para mejorar tu productividad

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

Albert Einstein

—————————————————————————————————————————

Me encantó este artículo, y pensé en compartirlo porque creo que puede sernos útil a muchos.

Personalmente estoy pasando por una etapa muy particular, en la cual me replanteo una y otra vez cómo aprovechar mejor mi tiempo para realizar todo lo que quiero, que es mucho, sin dejar de lado cosas tan importantes como mi bienestar y mi alegría. Decidí tomarme unos días de “ocio creativo” y hacer lugar a que nuevas ideas vayan surgiendo… y estoy navegando mucho por internet, donde aparecen cosas como ésta.

———————————————————–

Publicado en El Gachupas – 13 Noviembre 2009

“El hábito puede llegar a ser o el mejor de los sirvientes o el peor de los amos.”

Nathaniel Hawthorne (1804-1864) Escritor estadounidense

Comentaba hace 2 días la importancia que tienen cierto tipo de hábitos a la hora de ser productivos, independientemente del método o las herramientas que utilicemos para implementar nuestro sistema de productividad personal. Hábitos para mejorar la productividad hay muchos. Sin embargo, basta con implementar unos pocos para empezar a notar una mejoría significativa.

En este artículo he recopilado nueve de los hábitos que a mi me han funcionado mejor y que han demostrado ayudar a muchas otras personas a potenciar su productividad. Como se suele decir, no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

1. Define tus objetivos claramente. Cada vez que identifiques un objetivo, pon el resultado final que quieres por escrito, desglosando las distintas tareas que tendrás que llevar a cabo para alcanzarlo. Tener los objetivos claramente definidos facilitará mucho la gestión de tus tareas, y sabrás perfectamente cuándo has llegado a la meta.

2. Selecciona tres tareas clave cada día, y hazlas. A la luz de los objetivos más importantes que tengas pendientes de cumplir, selecciona cada día tres tareas relacionadas con ellos, y hazlas lo antes posible. De esa forma, al final de cada jornada sabrás que has avanzado un paso en la consecución de lo que realmente es importante para ti.

3. Aplica el principio de Pareto a tu trabajo. Este principio, aplicado a la productividad, establece que siempre habrá un 20 por ciento de tareas pendientes que serán capaces de generar el 80% de los resultados que realmente te importan. Identifica cuáles son esas tareas y concéntrate en ellas en primer lugar. Haz que las tres tareas clave que elijas cada día pertenezcan a ese grupo selecto del 20 por ciento.

4. Evita la multitarea a toda costa. Nunca trates de hacer más de una cosa al mismo tiempo. Toma una tarea, concéntrate en ella y no la sueltes hasta que la hayas terminado, o si es una tarea muy compleja, hasta que hayas logrado un avance significativo. Esto es especialmente importante para las tres tareas clave que te fijes cada día.

5. Ejecuta las tareas sencillas por lotes. Siempre tendrás tareas rutinarias, generalmente de bajo valor y de sencilla ejecución, que puedes hacer por lotes. Las transiciones entre actividades requieren mucho tiempo, y si además tienes que retomar una tarea interrumpida, necesitarás todavía más tiempo en recuperar la concentración y averiguar por dónde seguir. Por eso, trata de juntar las tareas sencillas según su tipo, y reserva un momento del día para llevarlas a cabo todas al mismo tiempo. Por ejemplo, hacer llamadas, contestar correos rápidos, revisar documentos, archivar, registrar gastos, etc.

6. Elimina las distracciones antes de empezar. Si eres el tipo de persona que te distraes con una mosca volando, antes de empezar cualquier tarea clave elimina las distracciones a tu alrededor. Limpia tu escritorio, cierra el programa de correo electrónico y el navegador de Internet, desconecta el teléfono fijo, pon el móvil en modo silencio… Si es necesario, incluso cambia de ubicación, como por ejemplo una sala de reuniones que esté libre en este momento, donde sepas que no te van a interrumpir en un buen rato.

7. Practica la procrastinación creativa. Se han llenado ríos de tinta demonizando la procrastinación (aplazamiento voluntario) del trabajo que no nos gusta. En general, la procrastinación no es buena, pero hay un tipo de procrastinación que debemos practicar siempre que tengamos ocasión: la de aquellas tareas que no nos aporten valor. Es un hecho que, por más trabajo que saquemos adelante, siempre habrá más trabajo que hacer. Así que empieza a desechar tareas que no estén alineadas directamente con tus objetivos personales y profesionales más importantes.

8. Aprende a decir “no”. Nuestro afán de servicio (y a veces nuestro exceso de bondad) nos hace aceptar todo el trabajo que pasa por nuestras manos. Si una tarea o proyecto no va a hacer que avances en tus objetivos, ni siquiera dejes que entre en tu vida. Di no. Punto.

9. Domina las herramientas. En lugar de estar cambiando de herramientas de productividad (especialmente el software) cada semana, aprende todo lo que hay que saber de lo que ya estás utilizando, y sácale el máximo partido. Cambiar de herramientas cada poco tiempo es muy tentador y divertido, pero es uno de los mayores ladrones de tiempo. ¡Resístete! Es más, aprende a utilizar el software que tienes sólo con el teclado, sin ratón. Sólo después de un tiempo razonable evalúa tus herramientas: ¿realmente necesitas más funciones? Bueno, entonces, y sólo entonces, considera un cambio.

¿Sabías que…?

Visto en el Blog de DeRose

Unos minutos de atención a este video pueden expandir tu visión y ampliar tu perspectiva al respecto de una realidad que ya está entre nosotros

¿Sabías que…?

10 tips para cambiar el humor

Vía Infobae · 13-11-09

3065438614_0a191826b0Foto: FLickr - Subida por .:Johnny:.

Algunos días nos despertamos de una predisposición excelente para encarar alegremente las tareas cotidianas. Otros, no tanto. Y a veces, aunque iniciemos nuestra jornada plenos de bienestar, algún suceso desafortunado nos cambia la cara.

Por suerte eso puede revertirse. Y no es tan complicado como parece: basta con prestar más atención a algunas cosas y restársela a otras.

Hay ciertas acciones sencillas que pueden cambiar nuestro humor. Aquí, una pequeña lista:

  1. Sonreí: sin motivo, sin razón alguna, proponete sonreir a cada persona que se te cruce durante un tiempo determinado (por ejemplo, media hora). Al cabo de ese rato, probablemente ya ni recordarás qué te había puesto de mal humor.
  2. Permitíte un rato de ocio: leer, pasear o ejecutar alguna actividad recreativa puede dejarte mejor dispuesto para tratar con personas y situaciones. Si no tenés otro momento, en vez de comer a las apuradas, utilizá tu horario de almuerzo para realizar algo que te haga bien.
  3. Ejercitate: correr, nadar, cualquier actividad física que te resulte agradable descargará endorfinas en tu cuerpo. El resultado: vitalidad, bienestar, satisfacción.
  4. Hacé contacto con alguna persona especial: todos tenemos algún amigo de optimismo inefable, o un ser próximo y querido cuya voz nos agrade escuchar. Un mail o un llamado a esa persona puede cambiarnos el día. Pero ¡atención! No servirá de nada si sólo hacemos foco en lo que nos incomoda. Optemos por dirigir la charla hacia algo agradable: un plan en común, un recuerdo feliz, cualquier otra cosa.
  5. Practicá la respiración conciente: en este blog ya hemos explicado varias formas para hacerlo. El Método DeRose es un entramado de conceptos y técnicas, buena parte de las cuales tienen como objetivo aumentar la conciencia respiratoria.
  6. Dá atención a tu mascota: los animalitos que conviven con nosotros tienen el poder de compartir una enorme cantidad de amor. Esa energía puede transformar nuestro estado de ánimo.
  7. Trabá contacto con la naturaleza: si es posible, caminá hasta algún parque o plaza. Ellegí la zona donde menos se escuche el ruido de los autos y acostate en el césped. Dejá que el sol acaricie tu rostro. Sentíte por un instante fuera de la ciudad. Durante ese momento, dejá que sus pensamientos fluyan, alejándose de los eventos del día o de lo que resta por hacer. Simplemente, descansá. Otra opción es dedicar un momento a tus plantas, si tenés.
  8. Escuchá música: elegí música que realmente te agrade y entregate a ella completamente, aunque sea durante unos minutos. Otra buena alternativa es bailar un rato (por supuesto, evitando actitudes fuera de lugar en el ámbito donde estás). Bailar descontrae todo el cuerpo; te vas a sentir desacartonado y más libre.
  9. Realizá alguna acción solidaria: por simple que sea, una buena acción ejecutada desinteresadamente puede cambiar totalmente nuestra actitud. Y si nos brindan un agradecimiento sincero, mucho mejor.
  10. Aprendé algo nuevo: esta es una manera simplísima de sentirse bien. Personalmente, cuando el tiempo es breve, prefiero aprender algo que demande habilidades manuales (por ejemplo, dibujar o plegar papel hasta darle una forma determinada). Prestá atención para saber cuál es la destreza que deseas adquirir y regalate unos instantes dedicado a ella cuando sienta que el día se está haciendo cuesta arriba.

Definitivamente, evitar el mal talante depende mucho del autoconocimiento. Observate, aprendé de vos mismo y evaluá modificar las conductas que te conducen al malestar.

Llegar hasta el mal humor implica un encadenamiento de pequeños sucesos: cortar cualquier eslabón servirá para modificar el resultado final.

Seguramente vos tenés tus propios métodos para combatir el fastidio. ¿Me ayudás a expandir esta lista a través de los comentarios?

.: Johnny:.

Conciencia del entorno

Vía TuVerde.com. Por Yael Barcesat

imagen-de-jirafa

Imagen: Caritoango.lacoctelera.net

Donde hay concentración, hay crecimiento. Donde la conciencia se enfoca, hay desarrollo.

Tomemos el caso de la jirafa: la jirafa descubrió que su alimento consistente en hierbas que crecían de la tierra era muy disputado por especies que estaban cerca del suelo y eran más rápidas. Se elongó todo lo posible para alcanzar los árboles, y debió haber sido tan sorprendente para un supuesto observador como ver a un perro cazar un pájaro en vuelo. Pero la jirafa descubrió que no tenía competencia en las copas de los árboles. Llevó toda su atención al cuello, para estirarse, durante generaciones y milenios, y logró transformarse en función de su elección vital.

[...]

¿Y el ser humano? Tenemos piernas largas que no nos permiten correr mucho más rápido que un ratón, uñas que se quiebran al primer intento de asir algo que opone la mínima resistencia, vemos muy mal en la oscuridad, nuestro olfato sólo funciona en un diámetro de poquísimos metros… parece que esas aparentes limitaciones nos hicieron conducir toda nuestra conciencia al desarrollo de herramientas que pudieran suplirlas. Y, como ocurrió en los demás casos del reino animal, nuestro cerebro se desarrolló.

Nuestra inteligencia, entendida en un principio como la capacidad de mantenernos a salvo y sobrevivir, aumentó sin duda. Sin embargo, tal vez como contraparte de esa hiperestimulación de la materia gris, también creció en nuestra especie el sentimiento de superioridad, y con tanta desmesura, que exterminamos el ecosistema a nuestro alrededor cada vez que ocupamos un espacio. No toleramos siquiera la convivencia con un mosquito (ni hablar de una cucaracha). [...]

Leé la nota completa haciendo click acá

La gente que me gusta

Vía Cultura Yôgi en Santo Domingo, de Johnny Martínez, que a su vez lo transcribió del libro “El éxito Organizado“, de Gabriela Santermer, instructora del Método DeRose

Cuanto crédito! pero siempre vale la pena citar a los amigos
que nos muestran estas cosas... ;)

Mahá abrazo gregario! Foto: Natalia Sanmartín Gil

Mahá abrazo gregario!
Foto: Natalia Sanmartín Gil

Aparentemente a Benedetti le gustaban los practicantes del Método DeRose

La gente que me gusta

Primero que todo
me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones,
la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma,
pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos,
produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea,
ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.
Mario Benedetti

Parar para crecer

Publicado por Infobae, 5·11·2009

822772552_db29b9b06eFoto: Flickr - Subida por Photo Mate Kitt

Cuando queremos conquistar algo, indiscutiblemente tenemos que concentrarnos, hacer foco, realizar acciones concretas. En esos casos, que ocupan gran parte de nuestros objetivos y nuestro tiempo, siempre viene bien tener algún sistema para organizarnos y reducir la dispersión.

Pero no podemos dejar de lado que las realizaciones son una manera de evolucionar, aunque no la única posible. La alta productividad evidentemente es útil para prosperar en determinados aspectos. Sin embargo, es importante observarse continuamente, para saber hasta qué punto uno rinde más si se exige más, y cuándo todo el sistema se transforma en un círculo vicioso que acaba conduciéndonos hacia el estrés y la saturación.

Antes de llegar a ese punto, hay muchísimas opciones que nos permiten evolucionar como personas en forma balanceada. Una elección válida es practicar alguna disciplina que abarque calidad de vida y desarrollo personal (en mi caso, he elegido el Método DeRose). Paralelamente, una posibilidad enorme de crecimiento se presenta cuando viajamos.

Una pausa en el camino

Encontramos una buena oportunidad para crecer cuando abrimos los horizontes y nos disponemos a conocer nuevos lugares, culturas diferentes, otros amigos. Si las capitalizamos bien, este tipo de experiencias nos acomodan en otro punto de vista, permitiéndonos reafirmar o revisar valores y creencias para modificar lo que haga falta.

Corto o largo, acompañado o solitario, ir cerca o lejos… cada viaje será una invitación a interrumpir el ritmo de la rutina cotidiana para ampliar la perspectiva. Viajar es un excelente catalizador evolutivo.

Es común que durante un viaje se produzca el fenómeno de “parar para ver”. Hagamos un paralelismo: es como si nuestra vida diaria fuese un tránsito a través de un sendero angosto entre dos aldeas de montaña e, independientemente de la prisa en llegar de un lugar a otro, detuviéramos por un instante la caminata para apreciar la belleza de la naturaleza alrededor, generando un momento mágico, especial, en el que por un instante todo se detiene y somos capaces de percibir los aspectos más sutiles del universo que nos rodea. Después de eso, no veremos el camino con los mismos ojos. Una travesía bien aprovechada es exactamente como ese impasse.

Muchas veces la distancia más corta entre dos sitios nos aleja de la ruta más bonita. Apreciar la belleza que existe dentro y alrededor de nosotros demanda un sendero más largo, dar algún rodeo, detenerse unos minutos.

Dentro de la atribulada vida urbana de estos días, un viaje es una excelente opción para parar un poco. Y crecer.

http://www.infobae.com/weblogs_post/4473-Natalia-Sanmartin-Gil-Parar-crecer

Técnicas para enfocar la atención

Publicado en Infobae, 30·10·2009

2398894850_feed1478faFoto: Flickr - Subida por Alfanhui

En un post pasado hablamos de la atención, el foco y la productividad. Nos había quedado pendiente pasar a la acción, con técnicas que cualquiera puede realizar durante algunos minutos para acumular energía y concretar tareas.

A fin de mejorar nuestra capacidad de concentrarnos, es útil trabajar para ser más concientes. Por un lado, porque eso nos va a permitir evitar las interrupciones y por otro, porque a mayor lucidez, mayor productividad.

Tratá de seguir la secuencia propuesta durante por lo menos cuatro semanas, sin saltear pasos, ya que cada uno tiene un sentido específico y es la progresión del conjunto lo que contribuirá a desarrollar la concentración.

Primera semana: conciencia de la respiración

Comencemos por lo más simple. Sentate en una posición confortable, cerrá los ojos y prestá atención a tu ritmo respiratorio. No lo modifiques, simplemente observalo. Al cabo de unos segundos, por el mero acto de examinarlo, se irá tornando más pausado.

Evitá la tentación de distraerte. Durante por lo menos cinco minutos no ocupes tu cerebro con ninguna otra cosa que no sea concienciar la entrada y la salida de aire de los pulmones. Si aparecen pensamientos inoportunos, no te incomodes. Postergalos por unos breves instantes, manteniendo la atención enfocada en el flujo respiratorio.

Practicá esto varias veces al día, en diferentes circunstancias. Observá cómo varía tu respiración según la hora, el estado emocional, las comidas y cualquier otro factor.

Segunda semana: ritmo respiratorio

Habiendo conquistado la técnica anterior, avanzá modificando voluntariamente el ritmo de tu respiración. Empezá con un tiempo corto. Inspirá en tres segundos y exhalá en otros tres. Mantené ese ritmo constante durante cinco minutos.

Cuando domines esto totalmente, sumá tres segundos entre la inspiración y la exhalación. Cada ciclo respiratorio te estará insumiendo nueve segundos. Recordá no distraer tu atención.

Si conseguís mantener firme esta cadencia durante el tiempo que le dedicas a la técnica, ya estás listo para pasar al próximo paso.

Nota: si tres segundos te resulta un período demasiado breve, aumentálo según tu capacidad pulmonar, manteniendo la proporción entre las fases del ciclo respiratorio.

Tercera semana: abstracción sensorial

Seguimos trabajando en lapsos de cinco minutos. Vamos a utilizar un reloj analógico con segundero (necesitará escuchar el tic-tac) y una fuente de sonido que emita una melodía homogénea (sin altos ni bajos, preferentemente sin voz)

Manteniendo la concentración en el sonido del reloj, comienzá a elevar el volumen de la música. Cuando ya esté al máximo, apartá un poco el reloj de tu cuerpo, sin dejar de escucharlo.

Otra opción, si no podés aumentar el volumen de la música, es simplemente cerrar los ojos y tratar voluntariamente de dejar de escuchar sonidos externos. Es menos simple de lo que parece, pero no imposible. Necesitarás hacer foco y no distraerte.

Tercera semana: técnica de concentración

Sentate confortablemente y cerrá los ojos. Visualizá un triángulo. No dejes que tu pensamiento se disperse. Mantené la imagen nítida y sin interferencias.

Cuando consigas permanecer cinco minutos, dale un color al triángulo (son preferibles los colores fríos, como el celeste). Luego, dale un color al fondo. Por último, cambiá mentalmente la figura visualizada, siempre sin distraerte.

Aquí termina la progresión de cuatro semanas. No te preocupes si necesitás demorar alguna de las etapas. Tomate el tiempo que precises.

Para alcanzar resultados aún más profundos, es recomendable seguir realizando diariamente la técnica más avanzada que hayas conseguido.

Para finalizar, siempre es bueno remarcar que el Método DeRose es una propuesta cultural, un entramado de conceptos y técnicas con raíces milenarias. Desde el primer contacto se aprenden una gran cantidad de técnicas de este tipo, simples pero poderosísimas cuando son incorporadas a la vida cotidiana.

Bibliografía consultada: Yôga Avanzado, DeRose, Ed. Deva’s, Bs. As., 2003

http://www.flickr.com/photos/alfanhui/2398894850/

Enfocar la atención

Vía Infobae, en el blog Yôga Antiguo

2246187225_ef7c24871c

Foto: Flickr - Subida por peter_hasselbom

Todos sabemos qué es la iniciativa, pero hablemos hoy de un concepto diferente, que llamaremos (bienvenido el neologismo) “acabativa”. Si la iniciativa es la capacidad de comenzar algo, la acabativa sería la suma de habilidades que nos permiten terminarlo.

Mantener nuestra atención en una tarea hasta concluirla es un aspecto fundamental para la realización. Aunque esto parezca una obviedad, no siempre es fácil de llevar a cabo. En general, para la mayoría de las personas, la dispersión es el factor que sistemáticamente merma la capacidad de concretar lo que se proponen.

Las fuentes de dispersión están en todas partes. Frente a la computadora, en forma de e-mails, de redes sociales, de feeds y cientos de otras. Fuera de la computadora, el teléfono, otros asuntos a tratar, la demanda de atención de nuestros compañeros de trabajo o estudio. A veces, si no hay nada más, simplemente el plano mental se desconecta y divaga por unos instantes.

Pero ¿cuánto tiempo podemos (en forma saludable) mantener la atención enfocada en una única cuestión? Para responder esta pregunta es importante que sepamos que el cerebro registra cientos de miles de eventos simultáneamente, pero “atendemos” al objeto u objetos en que nos enfocamos, dejando los demás en segundo plano.

Por un momento hagamos una analogía entre nuestro cerebro y una cámara fotográfica que tiene un poderoso zoom. Lo que enfoca el zoom es aquello a lo que le prestamos atención. Lo que queda fuera de foco no deja de existir: simplemente, en ese momento, no es lo más importante.

Imaginemos ahora que la lente de esa cámara está enfocando y desenfocando todo el tiempo, sin elegir un motivo determinado, sin dar tiempo a concretar la fotografía. Así, se asemeja a una persona con mucha iniciativa, pero sin acabativa. La dispersión evita la conclusión. En cambio, tomar una foto demanda elegir el objeto, hacer foco, encuadrar, disparar. Para eso tuvimos que, necesariamente, concentrarnos durante un lapso determinado.

Es evidente que el tiempo que dediquemos a cada cuestión dependerá tanto de nuestra atención como de la naturaleza de la tarea. De todos modos y aunque esto varía para cada individuo, es bueno distraernos un poco cada más o menos 40 minutos, descansar unos instantes de lo que estemos haciendo y luego retornar con energías renovadas.

Los objetivos a largo plazo demandan una atención sostenida durante más tiempo. Principalmente con ellos es como ponemos a prueba nuestra constancia, determinación y capacidad de finalizar lo que hemos comenzado.

La buena noticia es que estas habilidades pueden entrenarse. La práctica de técnicas de concentración y meditación es una de las herramientas con las que se trabaja en el Método DeRose.

El propio DeRose, en su libro Yôga Avanzado, esclarece esta cuestión: “Todo se basa sencillamente en ejercitar la concentración dos o más veces por día, haciendo que la mente se eduque y deje de dispersarse todo el tiempo. El alimento de la mente es la diversificación. […]

Si usted niega a su mente esa dispersión compulsiva, ella primero va a reaccionar como una criatura (que lo es) y va a hacer un berrinche, va a patalear y a decir que quiere parar el ejercicio, que quiere salir, que quiere dispersarse pensando en otra cosa, haciendo otra cosa, ¡cualquier otra cosa! Después, poco a poco, se irá disciplinando y conseguirá extraer un placer muy especial al permitirse permanecer algunos instantes todos los días haciendo una catarsis consistente en derrochar lo más escaso y precioso que tenemos: el tiempo. […]

Mientras está hablando, trabajando, estudiando, viajando, divirtiéndose, está recibiendo información del exterior. Para tener insights es preciso parar todo y permanecer sin bombear registros de afuera hacia adentro. Sólo así conseguirá invertir el flujo de la percepción y hacer aflorar lo que está en su interior. Es ahí donde se ubica la creatividad artística o empresarial. Es ahí donde surge el autoconocimiento.”

En un próximo post, abordaremos algunas técnicas para poner esto en práctica.