Sánscrito, con diccionario

Así como el francés es para el ballet o el italiano para la ópera, el sánscrito es el idioma técnico del Yôga.

Aquí les transcribo una serie de preguntas y respuestas que un practicante de Yôga Antiguo podría hacerse sobre el sánscrito y su importancia:

1- ¿Qué es el sánscrito? Es una lengua muerta, la lengua clásica de la India antigua, que influyó prácticamente en todos los idiomas occidentales.

2- ¿El sánscrito tuvo alguna influencia sobre los idiomas occidentales? Sí, por ejemplo:  Tri, del sánscrito, resultó tri en griego, tri en latín, three en inglés; nama resultó name en inglés, nome en portugués, nombre en español; ma, dio mãe, mama, maman en varios idiomas; matrika, resultó en mater, matriz, matriarcal; chai, originó chá en portugués; jánu, genou en francés; páda, originó pata; vírya, el término viril; etc.

3- ¿En qué alfabeto se escribe el idioma sánscrito? ¿Y qué significa? El alfabeto original del sánscrito es el dêvanágarí, “la escritura de los dioses”.

4- ¿No sería más adecuado traducir a nuestra lengua los términos técnicos del sánscrito?Los términos técnicos del judo, en japonés, no se traducen; ni los de la música, en italiano; ni los del ballet, en francés; ni los del kung-fu, en chino. ¿Alguien pensó en traducir wind surf, savoir faire, ombudsman, habeas corpus o allegro ma non troppo? Entonces es inadmisible ese cuestionamiento con relación a los términos del Yôga.

5- ¿Cuál es la importancia para el alumno común de conocer los términos sánscritos? Muchos de los términos sánscritos no poseen traducción exacta en las lenguas modernas. Ése es el caso del término samádhi.

6- ¿Cómo se denomina la práctica de transcribir el sánscrito a la escritura en alfabeto latino?Transliteración.

7- ¿Existe un solo sistema de transliteración o varios?Existen varios; cada lengua suele privilegiar un sistema diferente. Por esa razón, los libros de Yôga traducidos de otras lenguas pueden contribuir a instalar la confusión sobre el tema.

8- ¿La transliteración académica para el español es correcta? ¿Debe ser adoptada? No. Induce al lector al error de pronunciación, como es el caso de la s usada para representar un sonido que no es de esa letra, por ejemplo en la palabra Shiva, cuyo primer fonema resulta irreconocible en la escritura Siva. Debemos utilizar la inglesa, que es más lógica, es la que se usa en la India y sirve perfectamente para nuestro idioma.

9- ¿Todas las transliteraciones provenientes de la India son correctas?No. Los indios no se preocupan por escribir correctamente los términos sánscritos “en inglés”, como dicen ellos con cierto menosprecio. No obstante, en las buenas ediciones de la India la transliteración es más confiable que la versión que suele encontrarse en los libros publicados en Occidente.

10- ¿Dónde se puede encontrar una buena transliteración y traducción?Para los términos más usados, en el glosario del libro Yôga Avanzado. Swásthya Yôga Shástra. Si deseamos información más amplia y profunda, debemos recurrir al Sanskrit-English Dictionary, de Monier-Williams.

Todas estas preguntas y respuestas han sido extraídas del Programa del Curso Básico, de DeRose (bibliogafía de la Universidad Internacional de Yôga). Y, por mi parte, para los que quieran conocer más, les agrego un link al Sanskrit-English Dictionary de Monier-Williams.

Que lo aprovechen!

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La alimentación del Yôga

Para hablar de este tema invitamos a un experto: Edgardo Caramella, pionero del SwáSthya Yôga en la Argentina, presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA) y autor del libro “La Dieta del Yôga”, de editorial Kier, premiado por la GOURMAND 2006 World Cookbook Awards en la categoría “Mejor Libro de Salud y Nutrición” de autor de lengua hispana de América Latina.

“El Yôga es una filosofía que procede de la India, un país que cultiva eminentemente la alimentación lacto-ovo-vegetariana. Viajando en el tiempo a los orígenes del Yôga, hace más de 5.000 años descubrimos que aquellos antiguos filósofos prácticos basaban todo su trabajo de evolución en la ampliación de la energía. Ésa es la llave para alcanzar el samádhi (hiperconciencia), la meta de todos los tipos de Yôga. Además, el Yôga es una filosofía práctica, naturalista y que no posee teoría. Por ello el conocimiento se desarrolla exclusivamente a través de la práctica de técnicas; es un conocimiento empírico y vivencial.

Los antiguos Maestros, inmersos totalmente en esa filosofía, adquirieron un elevado grado de desarrollo de la sensibilidad, conocieron la existencia de materia sutil e incluso desarrollaron técnicas para su captación, asimilación y desarrollo, como por ejemplo los pránáyámas, la expansión de la bioenergía a través de técnicas respiratorias.

Si observamos la frase que se le atribuye a Hipócrates, ’somos lo que comemos’, es muy fácil deducir que los alimentos que ingerimos van a construir nuestro cuerpo físico, incidirán en nuestras emociones, en nuestra conducta, en nuestra psiquis, en nuestros pensamientos, en nuestros actos, en nuestra descendencia, en la especie, en todo.

Por ello, el sistema nutricional que acompaña a esta filosofía desde hace milenios está basado en la ingesta de alimentos que posean cierta forma de energía biológica que existe en la materia viva. Si incorporamos a nuestro organismo alimentos vegetales crudos, estamos brindándole células vegetales vivas con su calidad energética específica. Las plantas asimilan energía solar y la retienen en forma potencial; luego de ingerirlas, el organismo humano utiliza esa energía para sintetizar sustancias orgánicas esenciales, compensando así el propio desgaste celular.

Esta bioenergía recibe el nombre genérico de prána, es básicamente energía solar y se define como cualquier tipo de energía manifestada biológicamente. Puede ser absorbida de la luz, del aire, del agua o de los alimentos.

Pero, ¿qué es la energía? Si recurrimos a los físicos, ellos nos dirán que es el poder o la capacidad para hacer un trabajo. Aquí observamos la palabra poder, y son justamente fuerza, poder y energía los tres conceptos a los cuales estuvo unido el Yôga en la antigüedad, tal como se lee en los textos eruditos (shástras).

Esta forma de comer, que parece ser tan antigua, es la que más se acerca a las propuestas de los nutricionistas más modernos.”

Edgardo Caramella
Presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA)
Autor del libro La dieta del Yôga, editorial Kier, Buenos Aires
www.uni-yoga.com.ar

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Intervalo

 

 

Publicado por Infobae Digital, el 26/6/2008

 

 

Tómese un momento para leer estas palabras, adaptadas de un texto de la profesora Anahí Flores (*). Hagamos juntos un intervalo en la serie de posts de nuestro blog para verificar si efectivamente estamos aplicando lo que aprendimos hasta ahora.

A partir de ahora y por un instante, aproveche para dejar de leer y obsérvese. Ya hemos compartido bastante, conversando, teorizando sobre el Yôga Antiguo. Y tal vez no reparamos en algo que salta a la vista: ¿la teoría se mantiene en el plano de la teoría, o ya la ha transportado a la práctica? Seamos más claros: ¿cómo está su columna en este instante en que lee? ¿Extendida, o recogida sobre sí misma como un acordeón? Y la nuca y el cuello ¿están descontraídos, permitiendo que el oxígeno circule hasta el cerebro, o forman un bloque de tensión junto con los hombros? ¿Está acostado o sentado? ¿Es esa la mejor opción?

Siéntese por un instante en una posición cómoda, si aún no lo está. Mantenga la columna erguida. Exhalando, deje que la cabeza se relaje soltándola hacia atrás. Hágala rotar para un lado y, una vez que haya dado una vuelta completa, recomience hacia el otro lado.

Realice este movimiento lentamente, sintiendo las vértebras vivas. Si al relajar el cuello escucha un sonido tenue como arena que se suelta, es señal de que está faltándole movimiento a su cuerpo y que sería muy pertinente iniciar una rutina de trabajo orgánico próximamente…

(*) La profesora Anahí Flores trabaja con el Método DeRose desde 1996, a través de cursos, clases, presentaciones coreográficas y libros. Ha publicado los libros Yôga Art Book, Inspire y al exhalar ¡escriba! y Coreografías del SwáSthya Yôga. Para conocer más sobre su trabajo, visite www.anahiflores.org

 

Natalia Sanmartín Gil

Instructora del Método DeRose

www.uni-yoga.com.ar

www.yogabuenosaires.com

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La palabra es mantra

Profesora Yael Barcesat

Publicado en Infobae Digital, jueves 3-7-08

Esta expresión podría ser comparada al tronco de un árbol: de él surgen muchos significados, como ramas.

Uno de ellos consiste en rescatar el valor que posee la palabra empeñada. Decir lo que se hace es lo que define a las personas pragmáticas, por ejemplo a la hora de transmitir sus conocimientos. Hacer lo que se dice define a las personas leales, y requiere por un lado disciplina para cumplir aquello que tiene valor de declaración; y por otro lado, autoestudio para no decir algo que a la larga podrá constituir un compromiso no deseado.

Hace algunos años, el autor Masaru Emoto (autor japonés que realizó estudios fotográficos sobre la reacción del agua frente a determinados estímulos a que se la somete, como sentimientos, palabras, imágenes o sonidos) publicó un libro de fotografías microscópicas del agua sometida al estímulo de diferentes palabras. En ellas puede observarse claramente cómo la vibración sonora organiza las moléculas, formando caprichosos dibujos de una complejidad asombrosa. En varias de las fotografías el diseño del agua es llamativamente simétrico, recordando a las imágenes que suelen formarse aleatoriamente en los caleidoscopios. Sin embargo, esto no es nuevo: Shivánanda, en su libro Japa Yôga, describe el experimento realizado en público por la señora Watts Hughes, en el cual luego de exhaustivas investigaciones, expuso ante la audiencia las formas de increíble belleza y definición que producía su canto a través de un instrumento consistente en un tubo, un receptor y una membrana flexible, en la que se organizaban partículas de distintos polvos o semillas. Según Shivánanda, los sonidos son vibraciones. Hacen surgir formas definidas. Cada sonido crea una forma en el mundo invisible y las combinaciones del sonido causan formas complicadas. Regístrese el hecho de que no estamos hablando de un mantra específico, sino simplemente de palabras y notas musicales. Cabe aquí la pregunta: ¿cuál será el impacto que tienen las palabras en nuestro propio cuerpo, medio tan sensible a cualquier estímulo, y que está constituido por entre un 60 y un 75% de agua?

Según algunos Tantra shástras, textos de transmisión oral de gran antigüedad que fueron pasados al papel a partir del siglo VIII d. C., las palabras generan en nosotros un efecto similar al producido por el objeto que representan; cuando uno piensa en su hermano o hijo, el nombre de él viene instantáneamente a la cabeza; y a la inversa, cuando evocamos su nombre, simultáneamente su imagen se nos aparece. Las palabras están indisolublemente ligadas a aquello que aluden. También en este punto conviene tener presente el dictado: la palabra es mantra.

Yael Barcesat

Yael Barcesat dirige la Sede Decana del Método DeRose en Buenos Aires. Ejerce su trabajo de  docente a través de cursos, clases, presentaciones coreográficas y libros. Ha publicado el libro Complementación Pedagógica y, próximamente, Mantra, vibración infinita. Para conocer más sobre su trabajo, visite www.yaelbarcesat.com.ar

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El Yôga es cultura

 

Publicado por Infobae Digital, en el Blog “Yôga Antiguo”

Cada vez más gente se está acercando a la práctica de Yôga. Llegan desde diferentes medios y profesiones, con algo en común: ganas de contar con recursos prácticos para vivir mejor. El Yôga, desde sus orígenes proporciona herramientas técnicas para eso.

Hace algunos años, la desinformación generalizada hacía que las personas busquen esta filosofía considerándola una forma de terapia o, aún peor, una especie de “gimnasia suave”. Por suerte, esta idea ha cambiado y hoy se asocia el Yôga con el concepto de calidad de vida, fuerza y energía. Podríamos decir que, en general, quien se aproxima al Yôga hoy siente algo así como: “estoy bien, pero quiero estar mucho mejor”.

Es sabido que las técnicas producen bienestar, satisfacción, vitalidad y mayor conciencia del cuerpo, las emociones y los pensamientos. Con la práctica, nos sentimos más saludables, producimos más y estamos mejor dispuestos a encarar los desafíos que la vida nos presenta.

¿Pero qué relación tiene todo esto con la cultura? La Real Academia Española define el término cultura como un “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Definitivamente, el Yôga se ajusta a esa definición.

Es que el Yôga Antiguo es mucho más que sus técnicas: es un ideal, una manera de vivir. Una forma diferente y más profunda de relacionarse con sí mismo y con su entorno.

 

Cambie el mundo, empiece por usted

Ideales, amistad, alegría, seriedad, lealtad… son valores que a todos nos gusta aplicar en la vida cotidiana. La propuesta del Yôga Antiguo es formar personas más concientes, con la fuerza interior necesaria para ser fieles a estos valores.

Quienes practican esta filosofía (que se transmite como un arte) encuentran que la energía extra que las técnicas proporcionan se manifiesta en aspectos que no son meramente corporales, sino que incluyen también la creatividad, la fortaleza emocional, y el bienestar generalizado que caracteriza a las personas felices.

Para “cambiar el mundo” hacen falta cosas que están al alcance de cualquier ser humano: ganas, voluntad y determinación. Si usted consigue ser más feliz, ese estado se transmitirá a su entorno. Practicar Yôga puede ser el primer paso.

 

Natalia Sanmartín Gil

www.uni-yoga.com.ar

www.yogabuenosaires.com

 

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Karma

El concepto hindú al respecto de karma es bien diferente del concepto occidental, divulgado por los grupos espiritistas y espiritualistas. Con la influencia judeocristiana, rica en nociones de culpa y pecado, el karma para los occidentales tiene la configuración de algo forzosamente malo, que se debe pagar con sufrimiento.

Para el hinduismo, karma es sólo una ley de causa y efecto, del género “escupió para arriba, va a recibir una escupida en el rostro”. La pura ley del karma es simplemente mecánica y no espiritual. Ni siquiera moral. No depende de fundamentación reencarnacionista o incluso teísta. Se refiere a un mecanismo de la propia naturaleza. Una especie de energía potencial muy distante del fatalismo que le atribuimos.

Para ejemplificar la flexibilidad de ese concepto en la India, podemos citar una parábola que compara el karma con un arquero con sus flechas. El karma tendría tres etapas: la primera, equiparable al momento en que el arquero tiene su arco en reposo y las flechas descansan en el carcaj; la segunda, en que coloca una flecha en el arco, tensa y apunta a un objetivo; y la tercera, en la cual suelta la flecha.

De acuerdo con esa comparación, tanto en la primera etapa como en la segunda, el arquero tiene control absoluto sobre el karma, pudiendo, inclusive, en el último instante, dirigir su flecha hacia otro objetivo, tensar más o menos el arco para imprimir mayor o menor potencia a la flecha, o incluso desistir de tirar. Eso corresponde a un dominio de dos tercios del karma, lo que es bastante razonable comparado con nuestro concepto de destino inflexible y sobre el cual no podemos actuar.

Además, cualquiera sea nuestro karma, la libertad que tenemos sobre las formas de cumplirlo es bastante elástica. La sensación de restricción o impedimento proviene mucho más de los propios recelos de cambiar y de la acomodación de las personas, que propiamente de la ley de causa y efecto.

Texto extraído del libro Yôga Avanzado, del educador DeRose, editado por Deva’s en el año 2005.

DeRose es una de las máximas autoridades reconocidas mundialmente por la seriedad con la que ha rescatado la antigua sabiduría del Yôga. Puede accederse a sus clases on-line, gratuitamente, visitando http://www.uni-yoga.org/.

Si es de su interés conocer el Yôga Antiguo en profundidad, lo invito a visitar http://www.uni-yoga.com.ar

 

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Yôga Antiguo: una cuota extra de energía

Una disciplina de más de 5.000 años de antigüedad aumenta el rendimiento, estimula los sentidos y mejora la capacidad de sentir placer.

 

 

Kakásana

 

 

Hoy el Yôga es un tema que está en boca de todos. A veces, por su diversidad, la información que recibimos no hace más que ampliar la confusión que hay sobre esta disciplina.

¿Qué es el Yôga? ¿Para qué sirve? Para aclarar el panorama, empecemos por conocer qué es. “Yôga es cualquier metodología estrictamente práctica que conduzca al samádhi” define DeRose, una autoridad en la materia, que realizó un trabajo de sistematización sobre el Yôga Antiguo y ya ha escrito más de 20 libros sobre el tema. Samádhi es una palabra sánscrita que designa el estado de hiperconsciencia, de megalucidez que se alcanza a través del Yôga.

“El Yôga enseña cómo respirar mejor, cómo relajarse, cómo concentrarse, cómo trabajar músculos, articulaciones y nervios a través de técnicas corporales lindísimas, fuertes, pero que respetan el ritmo biológico de cada practicante”, destaca DeRose.

Es importante comprender que el Yôga auténtico no es una terapia ni promete beneficios: lo mejor es practicarlo por el placer que proporciona. Erróneamente se lo asocia con calma o relajación. Por el contrario, genera una cuota extra de energía que aumenta a medida que se lo practica.

Más vitalidad para todos

En la actualidad existe una gran variedad de tipos de Yôga, con objetivos y prácticas bastante diferentes. Esto permite que cada persona seleccione libremente la mejor opción para sí.

Hay una modalidad que rescata la fuerza que esta práctica tenía en su origen, 5.000 años atrás. El SwáSthya (nombre de la codificación del Yôga Antiguo) no contiene misticismo y es estrictamente técnico, por lo que suele ser el que eligen los profesionales, empresarios, estudiantes universitarios y artistas.

Cualquiera sea el estilo de Yôga que se elija, hay que tener en cuenta que el incremento de la vitalidad que proporciona puede utilizarse para rendir más en los estudios, en el deporte o en el trabajo. O, simplemente, para disfrutar más de las actividades cotidianas.

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Informe del día: Clarín Digital del 28-05-2008

EL METODO DEROSE

Buena vibra

El Swásthya Yôga es una práctica tendiente a mejorar la calidad de vida. La UBA, la UTN, ejecutivos y deportistas ya lo utilizan para optimizar el rendimiento. El referente de esta filosofía habló con Clarín.com.

Por:  Karina Deschamps.  De la redacción de Clarín.com.

“La vida es todo aquello que pasa mientras uno está ocupado haciendo otras cosas” , escribió John Lennon en su tema Beautiful Boy. Innumerables asuntos como la rutina, el trabajo, la vorágine y el estrés, se transforman en lugares comunes en cuestión de segundos. Invaden día a día la vida de las personas que, preocupadas por encontrarle una solución al problema, se aferran a diferentes prácticas como el Yôga . Sin embargo, para el Maestro DeRose el Yôga no puede ser visto como una mera escapatoria cuando es deformado y erróneamente vinculado con la religión, el misticismo, la paz, la calma, el aislamiento, la tranquilidad, las señoras o la gente mayor.

El educador brasileño, que la semana pasada pasó por Buenos Aires, fundador de Uni- Yôga , prefiere evitar los estereotipos que muchas veces conducen a los falsos prejuicios o paradigmas inciertos. Lejos del pelo largo y las túnicas blancas, el autor de más de 20 libros y un millón de ejemplares vendidos en todo el mundo, se convirtió con su método, el Swásthya Yôga –declarado de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad-, en una de las personas más influyentes en su área. Reconocidas empresas, prestigiosos deportistas e instituciones educativas -como la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), la UBA, el Colegio Nacional de Buenos Aires y la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, entre otras-, incorporaron esta filosofía de vida, guiada por la sistematización de las técnicas propias del Yôga más antiguo y completo del mundo.

“Fuerza, poder y energía”. De eso se trata esta práctica que cuenta con alrededor de 50 mil alumnos de entre 20 y 30 años promedio, repartidos en más de 15 países del mundo. “Esto no es Yôga, es una filosofía de vida, una revolución comportamental que propone una forma más sensible y amorosa de relación con la familia, con el compañero afectivo, con los amigos, con los subordinados y con los desconocidos, y que utiliza, como herramienta principal, técnicas hindúes para alcanzar una buena calidad de vida”, explica DeRose. Asegura que no existen normas ni adoctrinamientos en su método, sino que se estimula a los alumnos para que sean mejores personas, más educadas, refinadas, civilizadas y cultas. También se enseña reeducación respiratoria , postural y alimentaria, proporcionando así condiciones culturales y sociales para que los jóvenes se mantengan alejados de los vicios.

La iniciativa cautivó la atención de empresas radicadas en Brasil como Petrobrás, Shell, DuPont, Merrel Lepetit y Banco do Brasil. En Argentina, ya son varias las compañías que descubrieron los beneficios del Swásthya Yôga Laboral , un programa impulsado para que directivos y ejecutivos mejoren su estilo de vida y su capacidad productiva. Esso, Visa, Astro seguros, Banco Columbia, Osdipp, Obra social de los Petroleros Privados, Exxon Mobil, Termoandes, Estudio Faure, Revista Planeta Urbano y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, son sólo algunas de ellas.

“Las personas activas le dedican entre 10 y 12 horas por día al trabajo y esto incide directamente en sus vidas personales. Es esencial que ese tiempo sea placentero y productivo. Es triste escuchar a la gente quejarse de su trabajo y saber que su vida comienza cuando finaliza la jornada laboral”, comenta el Maestro Edgardo Caramella, presidente de la Unión Internacional de Yôga en Argentina. Por su parte, DeRose agrega: “Con nuestras técnicas se reduce considerablemente el nivel de ausentismo laboral, se potencia el rendimiento de los empleados, se mejora su calidad de vida y hasta se torna más agradable el ámbito de trabajo“.

El cansancio y la desmotivación penetran también en el mundo del deporte. La mayoría de los deportistas sufren lesiones o atraviesan las rotuladas “malas rachas” a raíz del elevado nivel de estrés y presión que padecen como producto del alto nivel de exigencia. El tenista brasileño y ex número uno del mundo, Gustavo “Guga” Kuerten, afirmó a la Revista Yôga Review que “el tenis y el Yôga tienen una gran semejanza porque en la cancha se busca tener el control de la situación mientras que en el Yôga se busca el autocontrol. Así logro una performance mayor a través de la respiración y la concentración”. En la Argentina practicaron este método el futbolista Juan Manuel Herbella y el karateca Lucio Martínez, integrante de la Selección Argentina de Karate y ganador de dos medallas en los Juegos Odesur. El Yôga Antiguo permite –dice Caramella- “incrementar rápidamente la flexibilidad muscular y articular la capacidad pulmonar, la vitalidad, la resistencia, la conciencia corporal, la concentración y la relajación”.

-¿Cuáles son los pilares que caracterizan el Swásthya Yôga?
La propuesta es global y se basa en buena calidad de vida, buena respiración, buena alimentación, buenos modales y buena forma corporal. Si el practicante desarrolla un estado de civilización con él mismo y con su prójimo, tendrá mayor alegría, mejor salud, producirá más, se integrará a su entorno y rendirá mejor en todas sus actividades. Eso hace que las personas sean más ciudadanas, civilizadas y educadas. Casi la totalidad de los jóvenes que la practican no consumen drogas, ni tabaco ni alcohol y organizan por su cuenta las llamadas “Fiestas clean”. No hay normas ni doctrinas para conseguir eso.

-¿Por qué cree que las empresas se muestran permeables a este aprendizaje?
Trabajamos solamente con los escalones de mayor jerarquía de las empresas, ejecutivos y directores. Es importante la calidad de vida de ellos. Es necesaria no sólo en términos de sobrevivencia sino también de productividad. Es fundamental que sepan administrar el estrés y direccionar el esfuerzo.

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Día del Yôga

El 18 de febrero de cada año festejamos el día del Yôga.

 

Este año, en São Paulo se conmemoró con una clase masiva al aire libre, dada por DeRose, codificador del SwáSthya Yôga. Aquí, algunas fotos:

 

 

 

En Buenos Aires, se organizó una “maratón” de prácticas, charlas y vivencias.

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El Yôga no es relax

Eduardo Euksuzian

 

 

 Un concepto equivocado que se ha difundido ampliamente es que el Yôga relaja. Nada más alejado de la realidad. Las escrituras antiguas (en sánscrito, shástras) siempre mencionan al Yôga asociado con fuerza y energía. Jamás con calma o relajación. La creencia de que esta disciplina antiquísima tiene esa finalidad es bien propia de nuestra época, donde todo es objeto de consumo y debe existir un motivo práctico para hacer cada cosa.

Tal vez surja entonces la pregunta: ¿y… para qué sirve el Yôga? Bien, la verdad es que no hay que buscarle una utilidad sino practicarlo por puro placer. Antes que pensar en los beneficios, disfrutarlo. ¿O acaso las personas toman clases de ballet porque disminuye sus niveles de estrés? ¿Alguien se propone aprender karate para adelgazar?

Si bien es cierto que la sociedad de consumo exige que muchas cosas sean adaptadas para ganar funcionalidad, es bueno no perder de vista que el Yôga es una filosofía que se transmite como un arte. Y es mejor llegar a él con la misma intención con la que iniciamos cualquier deporte o disciplina artística: únicamente por placer.

Cómo empezó la confusión

Aunque el Yôga no es relax, cuenta entre sus técnicas con una que entrena la descontracción. Su nombre sánscrito es yôganidrá. En el contexto de la práctica de SwáSthya Yôga, en esta fase se asimilan los efectos de todas las otras. Y como suele ser muy efectiva y proporciona en pocos minutos un descanso similar al que producen varias horas de sueño profundo, no sería raro pensar que algunas personas hayan asociado erróneamente ese estado de bienestar con el objetivo general de la práctica.

Vale la pena reforzar el concepto de que el Yôga tiene el propósito de expandir la conciencia hasta alcanzar un estado específico llamado samádhi (Yôga es cualquier metodología estrictamente práctica que conduzca al samádhi, según DeRose).

 

Las técnicas

Hace cinco milenios que el Yôga se enseña por transmisión oral. Es por eso que, si bien las lecturas son importantes, siempre es mejor aprender con un instructor bien capacitado, que pueda ayudarnos a avanzar según nuestro propio ritmo.

Como también es importante encontrar el método que más se adapte a cada persona, si tiene ganas de iniciarse en esta disciplina, tómese el tiempo que necesite para identificarse con una modalidad. Mientras tanto, aprenda a descansar mejor siguiendo estas indicaciones:

 

  1. Acuéstese en un lugar cómodo, boca arriba (puede ser en el piso, sobre una frazada o colchoneta. Recomiendo especialmente la goma EVA de 10 o más mm. de espesor). Evite interrupciones durante los próximos cinco minutos.
  2. Encuentre una posición confortable y no se mueva más. Respire de manera nasal, profunda y silenciosa. Predispóngase a permanecer despierto y lúcido todo el tiempo.
  3. Visualice una sutil niebla blanca que envuelve sus pies, pasa a través de la piel para alcanzar el interior del organismo, y lo descontrae. Imagine el contacto de esa niebla con los músculos y nervios superficiales y profundos, con los tendones, las articulaciones y los huesos. Mentalice que sus pies han quedado envueltos en esa nube que lo ayuda a descansar.
  4. Ahora, visualice que la descontracción se expande en forma ascendente, abarcando las piernas, la cadera, la espalda, el tórax, los hombros y brazos, el cuello, la lengua y los labios, los ojos, la frente y el cuero cabelludo, como si todo el cuerpo se hubiese sumergido en la nube blanca. Recuerde no dormirse.
  5. Durante un par de minutos, entréguese a este descanso profundo, tratando de aquietar también los pensamientos y las emociones. Luego, prepárese para retornar.
  6. El regreso será gradual y efectivo, activando los sentidos uno a uno, hasta sentirse pleno de vitalidad y energía, con mayor disposición para llevar a cabo sus actividades cotidianas.

Cuando se realiza diariamente, esta técnica, sumada a los respiratorios (pránáyáma), los ásanas y otros ejercicios, proporciona un importante incremento en la vitalidad del practicante.

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