Sabemos que los deportes extremos exigen, además de una buena preparación corporal, un alto nivel de concentración. La práctica ortodoxa de SwáSthya, el Yôga Antiguo, incluye ocho modalidades de técnicas, de las cuales especialmente dos son sumamente útiles para desarrollar esos dos aspectos.
Ásana: técnica corporal firme y agradable
Proporciona un gran aumento de flexibilidad articular, fuerza, elongación y equilibrio. Y lo más importante para cualquier deporte es que desarrolla conciencia corporal. De esta forma, el deportista logra administrar la fuerza y la energía empleada, reducir el riesgo de lesiones y acelerar el aprendizaje de cualquier técnica deportiva.
Pránáyáma: expansión de la bioenergía a través de respiratorios.
A través de esta técnica se consigue un gran incremento de la vitalidad, reducción del cansancio y administración del stress.
El aumento de la capacidad pulmonar permite una mejor oxigenación, no sólo muscular sino de todo el organismo, y en consecuencia una mayor resistencia.
Existe una clara relación entre la respiración y el estado emocional. Hay ejercicios específicos de pránáyáma que contribuyen al dominio de las emociones y de la actividad mental.
Ante una situación de alto stress o generadora de miedo, el corazón se acelera, la respiración se agita y la adrenalina irrumpe en el torrente sanguíneo provocando palpitaciones y sudoración. Es en esos momentos cuando el atleta o el deportista utilizan pránáyáma para recobrar rápidamente su ritmo normal.
Esto puede ser de gran ayuda en momentos previos a una competencia deportiva o ante situaciones de riesgo que pueden darse al escalar, al estar a gran altura o al surfear una gran ola.
La experiencia de dos alpinistas brasileños.
Irivan Burda y Marcelo Bonga, alpinistas brasileños que en el 2002 hicieron cumbre en el Lhotse -la cuarta mayor montaña del mundo, en los Himalayas-, son practicantes de SwáSthya Yôga.
Durante ocho meses estos alpinistas realizaron un entrenamiento destinado a ampliar su capacidad respiratoria. Al comienzo tenían 45% de capacidad de absorción de oxígeno, la media de una persona común. Después de las prácticas, esa capacidad aumentó a 65%, lo que los clasificó para la aventura en el Everest.
En un artículo de la revista Yôga Review, Burda declara que, cuando comenzó a practicar Yôga Antiguo, tenía una pretensión poco ambiciosa: lograr mayor flexibilidad.
Después notó que la influencia de la práctica en la preparación psicológica y en la respiración sería decisiva. “En la subida es preciso respirar mucho y bien”, afirma.
Bonga dice que “el Yôga hace que te conozcas mejor”, lo cual permite poner el foco en los objetivos y en los caminos a recorrer. Este autoconocimiento del que habla Bonga es justamente la meta del Yôga. Su nombre en sánscrito es samádhi (estado de hiperconciencia o megalucidez).
Gracias pos la colaboración a la Instructora Silvina Tenembaum, representante del Método DeRose en San Isidro (www.yogaensanisidro.com.ar)
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