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Una tribu urbana diferente

Fest-Yôga Buenos Aires 2007

Fest-Yôga Buenos Aires 2007


Emos, floggers, darkies, góticos, punks… estos términos ya no nos resultan extraños porque en los últimos tiempos varios medios de comunicación se dedicaron a explicar de qué se trata y cómo identificar a cada una de estas tribus urbanas. Independientemente de las características que las diferencian, sabemos que están formadas por chicos que encuentran en una u otra su identificación.

Mi trabajo de instructora de Swásthya Yôga me lleva a entrar en contacto frecuente con adolescentes que forman parte de otra tribu, menos conocida. Tal vez porque no usan ropas o maquillaje que los distingan, o porque son menos estridentes en su presencia, el hecho es que no reciben tanta atención de los medios como los demás.

Este grupo, que no tiene un nombre específico, lleva un estilo de vida que merece reconocimiento. Son chicos que eligen mantenerse lejos del alcohol y las drogas. La mayoría de ellos no fuman y otros inclusive no comen carnes.

Algunos tal vez creen que la auténtica transgresión en los tiempos que corren es no depender de ninguna sustancia para potenciar sus capacidades personales o su sociabilidad. A otros probablemente su sensibilidad extrema los llevó a compadecer a los animales, y decidieron no comérselos. De uno u otro modo eligieron hábitos diferentes.

Y sin emitir juicios de valor acerca de distintas costumbres, pero conciente de que cada persona debe encontrar el lugar y el grupo de pertenencia que le permita crecer más, veo cómo este movimiento cultural crece día a día, nutriéndose con diferentes manifestaciones artísticas y creativas, llevando a cabo emprendimientos sociales y fortaleciendo su cohesión, amistad y cariño, poniendo en práctica activamente el significado de la palabra Yôga, que en sánscrito quiere decir unión.

Ud. podría preguntarse si el número de personas que compone esta tribu urbana es verdaderamente relevante. Y yo, sin ninguna duda puedo responderle: conozco cientos, miles. Mimetizados entre la gente de la ciudad, cuando se reúnen se produce una auténtica fiesta de bienestar, espontaneidad y alegría. Vale la pena destacar su existencia.

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La alimentación del Yôga

Para hablar de este tema invitamos a un experto: Edgardo Caramella, pionero del SwáSthya Yôga en la Argentina, presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA) y autor del libro “La Dieta del Yôga”, de editorial Kier, premiado por la GOURMAND 2006 World Cookbook Awards en la categoría “Mejor Libro de Salud y Nutrición” de autor de lengua hispana de América Latina.

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“El Yôga es una filosofía que procede de la India, un país que cultiva eminentemente la alimentación lacto-ovo-vegetariana. Viajando en el tiempo a los orígenes del Yôga, hace más de 5.000 años descubrimos que aquellos antiguos filósofos prácticos basaban todo su trabajo de evolución en la ampliación de la energía. Ésa es la llave para alcanzar el samádhi (hiperconciencia), la meta de todos los tipos de Yôga. Además, el Yôga es una filosofía práctica, naturalista y que no posee teoría. Por ello el conocimiento se desarrolla exclusivamente a través de la práctica de técnicas; es un conocimiento empírico y vivencial.

Los antiguos Maestros, inmersos totalmente en esa filosofía, adquirieron un elevado grado de desarrollo de la sensibilidad, conocieron la existencia de materia sutil e incluso desarrollaron técnicas para su captación, asimilación y desarrollo, como por ejemplo los pránáyámas, la expansión de la bioenergía a través de técnicas respiratorias.

Si observamos la frase que se le atribuye a Hipócrates, ’somos lo que comemos’, es muy fácil deducir que los alimentos que ingerimos van a construir nuestro cuerpo físico, incidirán en nuestras emociones, en nuestra conducta, en nuestra psiquis, en nuestros pensamientos, en nuestros actos, en nuestra descendencia, en la especie, en todo.

Por ello, el sistema nutricional que acompaña a esta filosofía desde hace milenios está basado en la ingesta de alimentos que posean cierta forma de energía biológica que existe en la materia viva. Si incorporamos a nuestro organismo alimentos vegetales crudos, estamos brindándole células vegetales vivas con su calidad energética específica. Las plantas asimilan energía solar y la retienen en forma potencial; luego de ingerirlas, el organismo humano utiliza esa energía para sintetizar sustancias orgánicas esenciales, compensando así el propio desgaste celular.

Esta bioenergía recibe el nombre genérico de prána, es básicamente energía solar y se define como cualquier tipo de energía manifestada biológicamente. Puede ser absorbida de la luz, del aire, del agua o de los alimentos.

Pero, ¿qué es la energía? Si recurrimos a los físicos, ellos nos dirán que es el poder o la capacidad para hacer un trabajo. Aquí observamos la palabra poder, y son justamente fuerza, poder y energía los tres conceptos a los cuales estuvo unido el Yôga en la antigüedad, tal como se lee en los textos eruditos (shástras).

Esta forma de comer, que parece ser tan antigua, es la que más se acerca a las propuestas de los nutricionistas más modernos.”

Edgardo Caramella
Presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA)
Autor del libro La dieta del Yôga, editorial Kier, Buenos Aires
www.uni-yoga.com.ar

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