Emos, floggers, darkies, góticos, punks… estos términos ya no nos resultan extraños porque en los últimos tiempos varios medios de comunicación se dedicaron a explicar de qué se trata y cómo identificar a cada una de estas tribus urbanas. Independientemente de las características que las diferencian, sabemos que están formadas por chicos que encuentran en una u otra su identificación.
Mi trabajo de instructora de Swásthya Yôga me lleva a entrar en contacto frecuente con adolescentes que forman parte de otra tribu, menos conocida. Tal vez porque no usan ropas o maquillaje que los distingan, o porque son menos estridentes en su presencia, el hecho es que no reciben tanta atención de los medios como los demás.
Este grupo, que no tiene un nombre específico, lleva un estilo de vida que merece reconocimiento. Son chicos que eligen mantenerse lejos del alcohol y las drogas. La mayoría de ellos no fuman y otros inclusive no comen carnes.
Algunos tal vez creen que la auténtica transgresión en los tiempos que corren es no depender de ninguna sustancia para potenciar sus capacidades personales o su sociabilidad. A otros probablemente su sensibilidad extrema los llevó a compadecer a los animales, y decidieron no comérselos. De uno u otro modo eligieron hábitos diferentes.
Y sin emitir juicios de valor acerca de distintas costumbres, pero conciente de que cada persona debe encontrar el lugar y el grupo de pertenencia que le permita crecer más, veo cómo este movimiento cultural crece día a día, nutriéndose con diferentes manifestaciones artísticas y creativas, llevando a cabo emprendimientos sociales y fortaleciendo su cohesión, amistad y cariño, poniendo en práctica activamente el significado de la palabra Yôga, que en sánscrito quiere decir unión.
Ud. podría preguntarse si el número de personas que compone esta tribu urbana es verdaderamente relevante. Y yo, sin ninguna duda puedo responderle: conozco cientos, miles. Mimetizados entre la gente de la ciudad, cuando se reúnen se produce una auténtica fiesta de bienestar, espontaneidad y alegría. Vale la pena destacar su existencia.

